lunes, 2 de marzo de 2009

VERANOS CON NOSTALGIAS DEL AYER




En el mes de diciembre de 1962, la ciudad de Lebu celebró su centenario. Aquel 2 de diciembre también coincidía con el comienzo de las vacaciones, en esa época el colegio cerraba su año escolar, motivo por el que viajamos a Lebu con un buen número de la familia Pizarro, para estar presentes en dicha celebración, ocasión en que la tia Gabriela Pizarro llega también hasta Lebu junto al destacado folklorista Hector Pavez Casanova (con quien recientemente habia contraido matrimonio). El conjunto "Millaray", para esta ocasión ofreció el repertorio de sus mejores canciones, presentandose entonces en diversas veladas, organizadas por la comunidad de Lebu, para tan importante celebración. El teatro de Lebu, repletó sus localidades aquel día, en que por el escenario, desfilaron las más diversas muestras artisticas. En esa ocasión viajamos junto a mi abuela Hortensia Soto Figueroa, que siempre nos incentibaba con su alegria y gran entusiasmo.
Por aquellos mismos días, las fiestas de verano en torno al centenario fueron numerosas, como no recordar las inolvidables y esplendidas fiestas que en la residencia de la Familia Larre se vivieron, en torno a estas celebraciones, en la memoria de muchos queda el recuerdo de esta numerosa e importante familia lebulense cuyo apellido Larre, también pertenece a la gran familia de colonizadores extranjeros. La residencia de la familia Larre era una de las más concurridas de entonces , y famosos fueron a mitad de la decada de los cincuenta los familiares malones, que especialmente en verano, causaban sensación por las grandes colecciones de discos, ya que por esa época que se empezaba a imponer el rock and roll.
El sentimiento patriota de los lebulenses se vio reflejado en cada uno de los hogares, manifestando el cariño y orgullo por estos cien años de historia, asi lo vivió una de las inseparables amigas de mi abuela Hortensia Soto, Maclovia Agurto, con quien mi abuela, ofrecen un recital de pianos a cuatro manos, vale recordar que Hortensia Soto Figueroa, llego a ser una gran concertista en piano, viajando desde Lebu, en su juventud, para estudiar en el Conservatorio de Musica de Santiago. De vuelta en Lebu, imparte clases de música en forma gratuita, expresamente para los hijos de los mineros, quienes fueron sus alumnos predilectos. Durante las vacaciones mi abuela dedicaba gran parte de su tiempo a escribir rondas infantiles las que enseño y difundió también en Lebu. Junto a mi abuela, tias y primos, recorriamos las quintas de veraneo que eran verdaderos paraisos rio arriba y sus casonas antiguas cargadas de manzanos y de leyendas, lejanos veranos y la historia heredada a través de cuentos y entretenidas narraciones que por las noches junto al fogón esperabamos ansiosos escuchar en la voz de mi papa y su memoria de cine como le decia yo. Asi en estos lejanos paseos de verano, sin duda, la más entusiasta siempre fue mi abuela, mujer de gran carácter, ella habia nacido en Lebu el año 1900.
El flash de la memoria se enciende una vez mas hacia esos ya tan lejanos recuerdos de verano en que todos los primos nos encontrabamos y aquel año del centenario nos alojamos en la enorme casona de la tia Lina Roa frente a la plaza, en donde nos asignaron una gran pieza, con un enorme ropero donde la tia Lina nos esperaba para comenzar a hacer nuestras camas y aquellas sabanas tan blancas y almidonadas, perfectamente planchadas sobre esos confortables colchones de pura lana, donde una vez que la tia cerraba la puerta, comenzabamos a saltar de una cama a otra y asi iniciabamos la guerra de los almohadones entre los primos. Por las noches en la cocina de esta casa nos quedábamos hasta muy tarde para observar aquellos tenebrosos pajarracos negros, que se aposentaban sobre los techos de las casas y de los hoteles, mientras al fuego se cocian las manzanas para el postre del otro día, una de las tias nos contaba historias de misterio, las cuales eran un aliciente para recorrer la casa y sus rincones y de vez en cuando el viento que lo estremecia todo,
era el estimulo perfecto para correr rapidamente en nuestras camas y taparrnos la cabeza.
Estos largos veranos, que por lo general duraban tres meses, nos permitian visitar también los fundos cercanos, donde aprovechabamos de pasear en tractor en medio del campo, y también esas excursiones en la oscuridad de los bosque en pleno dia, por supuesto era infaltable ese jarro de espumosa leche al pie de la vaca, mientras esperabamos la harina recién tostadita para vaciarla sobre la leche, sabores que solo pertenecen a Lebu. Salir a recoger copihues y sacar puñados de murtillas era también un pasatiempo favorito, y aquel infaltable perro que nos guiaba hasta la casa. Recuerdo especialmente a tres hermanos, Alejandro, Elvis y Cecilia, y el enorme perro de color negro cuyo nombre era "You", quien corria por las extensiones de la playa de Boca Lebu, y quien cierta vez trajo en su hocico un pinguino que botó la ola. El fundo "El manzano", ubicado en la ladera norte del rio Lebu, o como se llamaba en esa epoca "Rio Arriba", era propiedad de la Corfo, y lo administraba mi tio Moncho Pizarro quien era ingeniero de dicha empresa. Me une a este recuerdo mi querida tia y madrina Rebeca Rojas Pizarro, con quien pase en esa época inolvidables momentos. La Tia Rebeca siempre recordaba las violetas blancas en los jardines de la plaza de Lebu, las veia a diario para llegar hasta el liceo, esto debio ser alrededor del año 1910.
Ya en la década del 60 comenzaba a desaparecer en Lebu, la antigua costumbre de reunirse en las llamadas tertulias, y con ellas quedaron atras los famosos bailes que Lebu protagonizara por varias decadas especialmente en los meses de verano, gala que fue comentada en las grandes esferas sociales de la provincia, elegantes reuniones sociales en las que reinaban en gloria y majestad los más variados bailes de salones.
En el verano del año 1966 durante aquel verano mi familia fue invitada a celebrar los 90 años de doña Januaria Iglesias, madre del destacado médico cancerólogo Rigoberto Iglesias. En el gran salon de la casa de la familia Iglesias más de cien personas corearon el cumpleaños feliz, recuerdo a mi abuela Hortensia, que acompañó al piano a quienes cantarón ese día, hubo polka, mazurca y cuadrilla, una hermosa torta adornaba la gran mesa en el elegante comedor de la familia, en un ambiente de festejo y alegria. El Lebu de ayer y el de hoy, es una mezcla de sentimientos encontrados, ya no esta mi padre Jose Alejandro Pizarro Soto ni mi abuela Hortensia Soto Figueroa, sin embargo existe la memoria histórica que nos permite deternernos para volver a repasar estos tan gratos recuerdos.

Publicado en Revista Cultural "El Bote", n 58, Marzo, 2009, Lebu.

1 comentarios:

Lalo dijo...

Me gustó el relato, el de un Lebu graficado muy como lo recuerdo en mi niñez, pese a que mis evocaciones son algo someramente más recientes que en los años aquí citados por Ud. Me llama un poco la atención un hecho en particular, y es que en su relato menciona a tres hermanos que coinciden en llamarse igual a otros tres que yo conocí, puesto que sus padres y los míos se relacionaban socialmente, y aquí está lo que me une un poco a su crónica; la madre de ellos me enseñaba a tocar polca en un viejo piano que tenía en casa. Le agradezco a Ud. haber desempolvado ése recuerdo que tenía casi en el olvido y me ha transportado a una etapa muy divertida de mi infancia.

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