lunes, 20 de octubre de 2014

CONMEMORACION DE LOS 16 AÑOS DE LA PARTIDA DE ALEJANDRO PIZARRO SOTO Y UN REENCUENTRO FAMILIAR









Este lunes 3 de noviembre de 2014, se conmemoraròn exactamente 16 años de la partida de mi padre, el historiador Jose Alejandro Pizarro Soto. Una imagen recurrente en mi memoria corresponde a cierta vez en que nos encontramos por casualidad en la Estacion Central, yo iba con mi hijo el poeta Rodrigo Verdugo Pizarro en uno de esos tantos paseos que realizábamos por aquel entonces, mi padre venia llegando de Concepciòn, en ese tren que llegaba a Santiago cerca de las cuatro de la tarde. No puedo olvidar que en un estado de euforia y elocuencia pasional èl gritò: “Lebu, lebu” y ese grito pareció extenderse y perderse en la amplitud de la Estacion, pareció confundirse con el ruido de los trenes y pareció conducirse por los rieles en direcciòn al sur. La primera vez que mi padre llegó a Santiago, aquel 10 de enero de 1940, por circunstancias familiares y ajenas a su voluntad, llegó también a esta querida Estaciòn Central, en ese entonces era un adolescente que empezaba a asumir su destierro del paraíso, resaltò este hecho ya que es fundamental a la hora de determinar que es lo que encauzo en èl, esta vocación por investigar los orígenes de la ciudad de Lebu, y mi parecer no es màs que esto, el perder el paraíso de su niñez, ese Lebu del cual salió, como si rompieran por segunda vez en èl, el cordon umbilical. Jose Alejandro Pizarro, desde ese entonces, busco a Lebu en todo lo que le rodeo, ya sea en personas, objetos, atmosferas, lugares, conversaciones, para èl Lebu tenia esa connotación identitaria y fuertemente sanguínea. Espiritualmente mi padre nunca dejo de estar y escudriñar en su natal Lebu, ciertamente volvió muchas veces durante toda su vida, empeñado cada vez mas, (puesto que era su misión), en aclarar y determinar el origen exacto de Lebu, y asi lo hizo hasta que sus tenaces investigaciones finalmente lo llevaron a rectificar definitivamente la fecha fundacional de esta ciudad, correspondiéndole el honor de redactar el texto de la placa conmemorativa.
El hijo de Lebu, que tempranamente partió de aquel Lar, durante todo su extrañamiento no hizo màs que devolverle finalmente a su ciudad natal, su verdad histórica, creemos que este es un hecho de connotaciones maravillosas, que no se repite comúnmente, y es que la estrella del sur estaba en la frente de Alejandro Pizarro Soto. He querido dar cuenta de estos hechos y evocaciones partiendo desde ese encuentro fortuito con mi padre en la Estaciòn Central, escenario clave para mí en estos últimos años para comprender la génesis de su obra como historiador y también clave para entender su telurica emocionalidad, sus arrebatos, su nostalgia del origen. En ese grito o vociferación de mi padre nombrando a Lebu, encuentro resumida toda su vida, ya que en èl vida y obra forman una simbiosis memorable, siempre cercano a los anaqueles y bibliotecas, a los documentos y a la vehemencia documental, su vida y su obra terminaron siendo lo mismo, carbón de una misma roca. Quisiera también decir que esta evocación de mi padre, me lleva al árbol genealógico de los Pizarros, y debo dar cuenta que hace unos meses, exactamente en el mes de marzo, (mes en el cual nació) tuve la oportunidad y dicha de sentarme en una gran mesa, en ese gran reencuentro de los Pizarros que mi hermano Alejandro Pizarro Alvarez junto a su admirable esposa, Ximena Charpentier Canales, lograron en su hermosa y arquitectónicamente lúdica casa. Esa tarde de marzo, se reunia a parte importante de nuestro clan: Jose Alfonso Mariano Pizarro Alvarez, su señora esposa Ana Guerra (quien nos deleito con su hermosísima voz, de melancolica impronta) e hijos, la viuda de mi padre Marta Millahual y mis dos hermanos Lautaro Pizarro Millahual y Nelsòn Pizarro Millahual, mi entrañables primas Valentina Pavez Pizarro y su esposo Rodrigo Fernandez, Carmen Pizarro y su hija y nieto, y Anais Pavez Pizarro, y por ultimo yo con mis hijos Teresa Verdugo Pizarro, Ignacio Verdugo Pizarro y Rodrigo Verdugo Pizarro y mi nieto menor Gabriel Sanchez Verdugo (quien junto a la pequeñas Monserrat, y Josefa son la rama màs joven de esta longevo árbol de los Pizarros) y por supuesto los hijos y nieta de mi hermano Alejandro Pizarro Alvarez y Ximena, todos sentados en esa gran mesa, remeciendo el árbol genealogico de los Pizarro, celebrando, brindando, y evocando a los que aparentemente están ausentes, pero que sin embargo también se sentaron junto a nosotros: Gabriela Pizarro Soto, Alejandro Pizarro Soto, Gonzalo Rojas Pizarro, Hortensia Soto Figueroa, etc. Indudablemente que este es un registro de un gran momento vivido que dedicamos a la memoria de nuestro padre, quien en un querido retrato nos acompaño casi en forma natural.
Las hijas de la tia Gabriela Pizarro, Valentina Pavez y Anais Pavez cantaron esa tarde, con esa inigualable chispa, y ese registro vocal que nos remonto una vez mas a nuestra querida tia Gabriela Pizarro, en medio de la nostalgia de inolvidables recuerdos de niñez. No puedo dejar de mencionar que esa tarde también me lleve la gran sorpresa de comprobar el enorme talento de trovador de mi hermano Lautaro Pizarro Millahual y la sorpresa de ver en mi Hermano Alejandro Pizarro Alvarez no solo al gran deportista que es (y formador de generaciones de jóvenes futbolistas) sino también al eximio baterista que demostró ser aquel dia, acompañado por sus hijos y por mi hijo Ignacio Verdugo Pizarro en guitarras eléctricas, en un magnifico encuentro familiar, que tuvo lugar entre recuerdos, anécdotas, risas y lagrimas. Por último el broche de oro lo puso el Himno de Lebu, el que coreamos todos con una profunda emocìon y el gran y emotivo discurso de mi hermano Jose Alfonso Mariano Pizarro Alvarez, que me recordó la gran vehemencia que caracterizo la prodigiosa memoria de mi padre.
Vuelvo a Estacion Central, veo a mi padre con su impermeable azul marino, sus lentes ópticos de negro marco grueso, eufórico, en medio de ese viento que corre entre los trenes , ese viento que viene del sur de las estrellas como dijo alguna vez Gonzalo Rojas Pizarro. Llegaba Alejandro Pizarro Soto, llegò también alguna vez Baldomero Lillo, y tantos otros. Este 3 de noviembre como siempre llegaran y partiran los trenes en Estaciòn Central, tal vez algún nuevo adolescente llegue esta mañana, quien sabe si no es otro desterrado de su paraíso, quien sabe si no viene marcado por la estrella del sur.


Publicado en Revista Cultural "El Bote" n































































miércoles, 14 de mayo de 2014

ENTREVISTA A RAÙL HERMOSILLA HANNE (III PARTE)

























Publicado en Revista Cultural "El Bote", n 102, Agosto, 2013, Lebu.

ATILIO NEIRA PRADENAS (1890-1987)


















Publicado en Revista Cultural "El Bote", Octubre, 2012, Lebu.

NUESTRO ENCUENTRO CON ISLA MOCHA





Sastifactorio fue el resultado del operativo odontológico realizado en Isla Mocha, hasta donde llego un equipo de voluntarios con el fin de dar asistencia dental, a los habitantes de ese apartado punto de nuestra región. El operativo estuvo a cargo del cirujano dentista de la Universidad de Chile, Doctor Hernan Verdugo Encina, (quien se desempeño durante cuarentaicinco años en el servicio dental de la Posta Central de Santiago) y es quien estuvo a cargo en este operativo de los estudiantes de la Facultad de Odontología de la Universidad Andrés Bello, de nuestra capital. ellos son Ignacio Verdugo Pizarro, Andrea Rodriguez, y Sergio Dinamarca, también hizo su valioso aporte el estudiante del Duoc Marco Alvarado, confeccionando las fichas clínicas de cada uno de los pacientes atendidos. Para este efecto se ocuparon las dependencias de la Clínica Dental que posee la Posta Rural de Isla Mocha, a cargo del paramedico Eric Zapata quien dio todas las facilidades para este objetivo. Durante los días 7 y 8 del mes en curso la atención comenzo aproximadamente a las ocho y media de la mañana y se prolongo hasta cerca de las tres de la tarde, esta atención dental abarco niños de dos años hasta adultos mayores sobre los ochenta años. Nuestra gran recompensa fueron todas aquellas muestras de afecto y gratitud que recibimos en medio de las expresiones de agradecimiento. Considero un deber destacar tanto el admirable desempeño como la impecable gestión del Teniente Marina, Capitán del Puerto de Lebu Señor Eduardo Letelier Vidal, quien ha dejado de manifiesto su gran condición humana que se ve reflejada en su gran espíritu de servicio, al preocuparse de los lugares mas apartados, donde mucha gente tiene muy pocas posibilidades, de poder viajar al continente. También pude llevar mi gestión cultural hasta la Escuela Rural de Isla Mocha, donde tuve la enorme alegría de compartir con Mariana su directora, quien me manifesto que la Revista Cultural "El Bote", constituye para la escuela un valioso aporte de apoyo para los profesores y alumnos. Estamos ciertos de que esta revista entrega un excelente material y me alegra y emociona a la vez el haber podido ver unos cuantos ejemplares en la Biblioteca de la Escuela. También me divertí mucho con la historia de los gansos que a toda hora caminan por la Isla, especialmente por la orilla de las playas. Estos son llamados los "Gansos Rocha". La historia de estos gansos comienza hace un tiempo atrás cuando nuestro querido y gran amigo Jaime Rocha visito la Isla Mocha llevando de regalo unos huevos, que pronto pasarían a ser estos atractivos y emplumados personajes. Durante las horas del operativo me dedicaba a recorrer algunos lugares cercanos para conversar con la gente y así conocí a unas personas increibles que se dedican a la pesca artesanal, quienes además me relataron historias de la mitología propia de la isla, también quede muy sorprendida por el conocimiento arqueologico que poseen muchos de ellos, es la información que se va heredando a través de las generaciones por medio de la transmisión oral y que probablemente ha venido de sus ancestros. En la Isla mocha hay muchas personas que tienen a su cuidado una cantidad interesante de cerámicas de la cultura Lafkenche, fosiles, puntas de flecha, antiguas conchas y caracolas que constituyen un legado que ellos respetan mucho y es así como se han prevervado estas importantes colecciones que son dignas de ser exhibidas en las vitrinas de un museo. Este interesante patrimonio de la Isla Mocha, merece un lugar de honor en nuestra historia. Que grato es poder volver a recordar todos aquellos momentos vividos en esta inolvidable travesía hecha a la isla por mar que nos ha dejado el mas bello y grato de los recuerdos, fue todo tan increíble y mágico a la vez, aun creo estar a borde de esa lancha de la Armada de Chile, donde disfrute una navegacion increíble junto a mi marido y a mi hijo Ignacio que junto a sus compañeros de Universidad se emocionaron tanto al divisar la isla desde lejos, luego de cinco horas de impresionante navegacion. También en la Isla Mocha pude observar, la increíble convivencia que existe entre los animales, ellos viven en un grado tal de armonía que sobrecoge el corazón, perros jugando ente las vacas, gatos jugando entre las aves, la insólita amistad entre los corderos y los perros, y aquellos adorables y sociables gansos que aquí en la Isla no acostumbran a huir del hombre y tampoco atacan a nadie. En medio de la Isla nos topamos varias con los anuncios de la CONAF, los que invitan a cuidar este verdaderos tesoro arqueologico con sus aves autóctonas que trinan y sus especies nativas que se encuentran en medio de este hermoso paraje, entre los cerros y los solitarios rincones. Sin duda un lugar para rehacerse completamente y tal vez volver a replantearse a si mismo, y tomar de este lugar las insospechadas energías que sin duda y personalmente percibí en toda su dimensión. Pero como los sueños terminan, ya teníamos que regresar al continente. En nuestra ultima noche en la isla estuvimos invitados a una inolvidable velada en la unidad que en la Isla Mocha mantienen los marinos y sus respectivas familias, con el acompañamientos de guitarras todos corearon las canciones ochenteras, en medio de un buen e infaltable asado de cordero. La Isla Mocha nos despidió con una espectacular noche de luna, resplandor que en medio de la noche parecía como si se hubiese detenido el tiempo en alguna época muy lejana.


Publicado en Revista Cultural "El Bote", n 85, Marzo, 2012, Lebu.

FRESIA LARA: UN HOMENAJE A TU PARTIDA



Fresia Lara, aquella mujer integra que supo ser tambièn la madre de muchos de nosotros, ha partido hacia aquel viaje en donde seguramente nos va a seguir acompañando por la eternidad. Hoy siento la gran necesidad de recordar con profunda gratitud tu memoria. Fresia Lara fundò en Lebu una hermosisima y notable familia junto a su esposo Manuel Salgado Fritz y sus seis hijos: Miriam, Sandra, Fresia, Naty, Sabina, Alexis. Una familia que marcò el registro ejemplar de la cual muchos de nosotros fuimos integrados por el inmenso cariño desplegado en medio de la atmosfera de amor que en alguna medida tambien recibi personalmente, en mi epoca de juventud, cuando recien saliamos de la niñez y hoy recordar a Fresia en su partida siento partir a mi segunda madre pero al mismo tiempo el recuerdo de ese gran valor que nos legò hoy me sirve para comprender tantos de aquellos nobles principios que con su ejemplo a lo largo de nuestras vidas indudablemente nos ha servido tanto. Fresia, llevas el nombre de una flor, hermosa, transparente y pura como fue tu alma. Los mejores recuerdos de mi vida siempre estaran en Lebu, cuantos momentos felices en medio de tu familia, en el cielo seguiras sembrando flores y seguramente formaras un maravilloso jardin en el paraiso junto a Dios. Te doy gracias por tus manos de madre santa a nombre de todos aquellos que esperamos el pan, aquel que comiamos recièn amasado, en la casa de calle Rioseco junto al mercado, lugar que fuera propiedad de unas de las familias màs queridas e ilustres de nuestra querida ciudad de lebu.

A tu memoria Fresia, mujer inolvidable, mamita de mi corazòn, te dedico este fragmento del poema "La Mamadre" de Pablo Neruda, un poeta que tu junto a Manuel tanto admiraron y que tuvieron el privilegio de compartir con èl en Lebu    

"y eso fuiste: la vida te hizo pan
y allí te consumimos,
invierno largo a invierno desolado
con las goteras dentro
de la casa
y tu humildad ubicua
desgranando
el áspero
cereal de la pobreza
como si hubieras ido
repartiendo
un río de diamantes.

Ay mamá, ¿cómo pude
vivir sin recordarte
cada minuto mío?
No es posible. Yo llevo
tu Marverde en mi sangre,
el apellido
del pan que se reparte,
de aquellas
dulces manos
que cortaron del saco de la harina
los calzoncillos de mi infancia,
de la que cocinó, planchó, lavó,
sembró, calmó la fiebre,
y cuando todo estuvo hecho,
y ya podía
yo sostenerme con los pies seguros,
se fue, cumplida, oscura,
al pequeño ataúd
donde por primera vez estuvo ociosa
bajo la dura lluvia de Temuco. "


Publicado en Revista Cultural "El Bote", n 

EL ROSAL UN SITIO HISTORICO EN NUESTRA MEMORIA






Tras el triunfo de la Batalla de Maipú se debilitan los ánimos del ejército realista en retirada, surgía el temor y sus temidas consecuencias y el reinante clima de inseguridad y desconcierto preocupa a los habitantes del antiguo convento de las monjas trinitarias de Concepción, quienes deciden abandonar dicho convento para buscar refugio en lugares más seguros. Así es como nos señala este histórico suceso el historiador José Alejandro Pizarro Soto quien nos señala en su libro “Lebu, de la leufumapu a su centenario” que las monjas trinitarias de Concepción abandonan el convento un 24 de septiembre de 1818. Esta congregación religiosa estaba compuesta por 32 monjas, cuatro capellanes, algunas viejas criadas, y un noble y fiel servidor del convento que había querido seguirlas junto al precario equipaje se incluían también unos famosos candelabros de plata. Y frente a la apremiante situación se repartían entre lanchas y balsas donde por cerca de una semana navegan por el rio Bio Bio rumbo a la ciudad de Nascimiento, en busca de un nuevo refugio. Durante la navegación se ha extraviado la totalidad de la documentación perteneciente al convento como títulos de propiedades, hipotecas y prestamos. También sufren la lamentable perdida del archivo fundacional del convento. Perdidas irreparables que las aguas del rio Bio Bio se llevaban para siempre. Las monjas trinitarias permanecen en la ciudad de Nascimiento cerca de tres meses, pero las noticias de la ocupación de Concepción por el ejército de las fuerzas patriotas las hacen abandonar el lugar en busca de un nuevo refugio, ocasión en que se unen a la fila del coronel Sánchez, quien encabeza el ejercito realista en retirada que se dirige hacia la ciudad de Angol, donde en el camino son interceptados por un ejercito de avanzada comandado por el general Ramón Freire, quienes al comprobar que en la columna de Sánchez avanzan también estas monjas se ordena de inmediato poner alto al ataque. Así continuaba la difícil peregrinación de las monjas trinitarias quienes seguían sorteando las innumerables dificultades propias de su condición de religiosas, y donde con el paso de los días, la precariedad se iba haciendo más notoria. Ya unidas al ejército realista permanecen unos días en la ciudad de Angol donde llegan a mediados del mes de enero de 1819. En esta oportunidad el Coronel Sánchez decidía cruzar la cordillera de Nahuelbuta y a pesar de la escarpada topografía del lugar estas admirables monjas logran llegar a Tucapel en medio de espesos bosques, por interrumpidos senderos, donde finalmente los primeros días de febrero pernoctan en este lugar por un par de días. El coronel Sánchez decide esta vez dividir sus fuerzas en dos grandes bandos, los mas avezados y conocedores del terreno se unirían a las fuerzas de Vicente Benavides, en el norte de la Araucanía, y el ejercito español por otro lado dirigido por el mismo Coronel Sánchez, tomarían el camino de Tirua con el fin de llegar hasta Valdivia, y por ultimo las monjas trinitarias partirían hacia el valle de Lebu, donde serian rescatadas mas tarde por un barco que saldría de Valdivia, para luego recogerlas en la boca del rio Lebú y enseguida llevarlas al Perú. Y es así como Las monjas trinitarias llegan al valle de Lebu, la ultima semana de febrero de 1819, donde son recibidas por un hombre de confianza del coronel Sánchez, quien las conduce al pequeño rancho de su propiedad en la ladera del cerro junto a la boca del Rio Lebu. En esta congregación habían religiosas bastante jóvenes y otras de muy avanzada edad, como el noble y viejo servidor del convento quien se había encargado de custodiar aquellos antiguos candelabros de plata, únicos bienes que hasta el momento poseían las monjas, ya que los bienes patrimoniales del convento se deshacían en medio de las profundidades del rio Bio Bio. Con el paso de los días saltaba a la vista el gran inconveniente que surge por la estrechez del pequeño rancho y al poco andar la gran generosidad de don Andrés Lobos, propietario de los terrenos del Rosal, a orillas del Rio Lebu, cedía a las monjas un par de casas de buena madera donde las monjas habilitan cómodos espacios parta todos ellos. Se esmeran por hermosear el lugar y organizan una gran huerta que les permite el poder alimentarse. Habilitan también una capilla donde los lugareños solían asistir a oir misa. Lo que nos hace pensar en la posibilidad de que las monjas trinitarias también hayan cumplido una labor evangelizadora en el lugar, mantienen también un dispensario donde entregaban atención de primeros auxilios, especialmente en el periodo en que el valle de Lebu se vio afectado por una violenta epidemia de tifus, en la cual también fallecen cinco de estas monjas. Los pocos recursos se agotaban por esos días y las monjas deciden alejarse por un tiempo del lugar, por lo que se proponen llegar hasta Valdivia. En medio de aquel viaje surgen inconvenientes que no les permiten seguir avanzando y deben devolverse  nuevamente al Rosal, donde encuentran un total deterioro, don de las casas están prácticamente inhabitables, los efectos de la fuerte epidemia mostraban el abandono total de los ranchos aledaños, por lo que las monjas buscan resguardo en Pehuén, el que seria su ultimo refugio en este lugar, pues al poco tiempo son ubicadas el 15 de diciembre de 1822, siendo enseguida trasladadas hasta Valparaíso, donde son reintegradas a un conocido convento de esta ciudad. Cabe destacar el interesante aporte que hace a esta crónica el historiador Raúl Hermosilla Hanne, quien afirma que al finalizar la guerra de la independencia unos patriotas llegan buscando refugio en el Rosal, cuando este aun estaba en manos de las Monjas Trinitarias, quienes aportan sus famosos candelabros de plata que son fundidos y transformados en un buen numero de monedas que se acuñaron en este histórico lugar. Estas monedas llegaron a tener cierta fama y se conocieron como las “Monedas Trinitarias”. También el historiador Raúl Hermosilla Hanne afirma que “actualmente solo van quedando dos o tres nada mas y que estas monedas hoy tienen un gran valor y son consideradas como piezas únicas de colección”. Es así como este hecho constituye el importante aporte que hace El Rosal a nuestra historia, en donde en aquellos lejanos días de la independencia se acuñan en este histórico lugar aquellas famosas monedas trinitarias que en definitiva fue el testimonio que dejaban estas monjas de su paso, por Lebu. El final de esta historia da cuenta de la vida de estas religiosas que vivieron largos años, alguna de ellas pasando los cien, y estos son los milagros que siempre Lebu concede, a quienes buscan en su lecho el refugio entre la tierra y el mar, que nunca nos abandonaran y esta es una historia verídica que nos hace pensar que esta tierra de Lebu, es una tierra de prodigios y de milagros. 


Publicado en Revista Cultural "El Bote", n 83, Enero, 2012, Lebu.

CIEN NUMEROS DE LA REVISTA CULTURAL “EL BOTE”





Si  hacemos un recuento de las publicaciones de orden cultural que existen o han existido en nuestro país, muy pocas han logrado llegar a los cien números, como hoy día lo es el caso de la revista cultural “El Bote”, no vamos a analizar aquí la larga o corta vida de las revistas culturales en general sino lo que nos corresponde es celebrar lo que significa que una revista llegue a esta feliz periodicidad, para regocijo tanto de quienes escriben en ella como para quienes son sus lectores. Conocemos desde hace ya bastantes años el empeño del escritor Patricio Figueroa Gonzalez, tanto en su impecable gestión cultural como promotor de encuentros literarios, de agrupaciones multidiciplinarias, pero por sobre todo en querer entregar a la comunidad del pueblo de lebu, una revista que de cuenta de todas sus manifestaciones culturales y a la vez una revista en la cual cada lector (porque esperamos que llegue el momento en que “El Bote” este presente en todas los hogares de Lebu, así como lo esta en las Bibliotecas y colegios de la provincia) reconozca algo de su propia identidad, de su propio hábitat, de cómo habita (valga la rebundancia) ese hábitat, de cómo se relaciona con el paisaje, y de cómo  también esta atento al pasado, al presente y al futuro de Lebu. Todas estas constantes forman parte primordial de lo que es editorialmente la propuesta que realiza todos los meses esta querida revista, y creemos que dentro de sus logros esta el ir progresivamente logrando focalizar el como Lebu va construyendo una identidad como localidad, es decir que hace que Lebu sea Lebu propiamentente tal. Lebu, es entonces el pretexto, el motivo y la constante que da vida a esta publicación y para graficar esto, haré alusión a un hecho particular como lo fue la última versión del Festival de cine de Lebu, el pasado 28 de mayo en el Centro Cultural Estación Mapocho de la ciudad de Santiago, hecho que aprovechamos de destacar y a la vez aprovechamos de felicitar a su Directora, Claudia Pino, por lograr instaurar una versión santiaguina del festival, que también cuenta con versiones en otros países, lo cual es un gran logro y reconocimiento para Lebu. En esta ultima versión del festival de Cine de Lebu, hubo una exhibición cultural, artesanal gastronómica y turística de la ciudad de Lebu, organizada por la    Cámara de Turismo y la Municipalidad de Lebu. En tres stands se realizaron estas exhibiciones y como si fuera poco se exhibía en una pantalla de televisión un recorrido por los lugares mas emblemáticos de la ciudad de lebu, acompañado de fondo por una declamación del poema “Carbòn” de Gonzalo Rojas Pizarro, una interpretación del himno de Lebu (de Rene Rojas Lopez) a cargo del conjunto folclórico “Denukuyul” 
Y además cada estand estaba acompañado de fotografias que mostraban el pasado de la actividad minera en Boca lebu. Me detengo en este hecho ya que esa tarde  junto al escritor Lamberto Perez, a Nino, a Walter Cerda, y su esposa (quien nos dio una verdadera y completa disertación sobre el pasado de Boca Lebu), tuvimos una agradable conversión, como si hubiésemos estado en un rincón de Boca Lebu o hubiésemos estado conversando en un rincón de la plaza, tal es el arraigo nuestro en ese pedazo de geografía sureña y en medio de todo este panorama, habían en una de las mesas de aquellos estands  ejemplares de la revista “El Bote”, hecho que simboliza y significaba que dentro de lo mas representativo que estaba en exhibición allí en materia de publicaciones, a parte de la tercera edición del libro “Lebu de la leufumapu a su centenario” de Alejandro Pizarro Soto, por parte de la Municipalidad de Lebu, gesto que agradezco infinitamente , el libro recopilatorio de los trabajos en verso y prosa ganadores del concurso literario “Gonzalo Rojas Pizarro” se encontraba nuestra querida Revista “El Bote” este hecho lo menciono y destaco porque es un verdadero reconocimiento que se le otorga al ser consideraba una revista que ya esta incorporada dentro de lo que es propiamente lo referente a Lebu. Otro hecho que también quisiera destacar ya que esta vivamente relacionado con nuestra querida revista es lo ocurrido el pasado 25 de abril en la Sala América de la Biblioteca Nacional con motivo del lanzamiento del libro “Integra” que contiene las obras completas del poeta  Gonzalo Rojas Pizarro, en una cuidada y monumental edición del Fondo de Cultura Económica
en esa ocasión fue gratamente sorprendente saber que la encargada de la edicion de dichas obras completas, la investigadora investigadora del Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Autónoma de México, Fabienne Bradu,  estaba en conocimiento de la revista “El Bote” y mas aun la ha considerado como material para la biografía sobre Gonzalo Rojas que actualmente esta preparando y la cual será publicada aproximadamente el 2016 , lo cual nos habla de la proyección internacional que este teniendo “El Bote”. Un último hecho que quiero destacar es la tesis realizada por Karen Mena Avilés, estudiante de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Santiago de Chile, centrada en el tema “La búsqueda del tesoro, identidad lebulense”
quien tuvo como material de investigación ejemplares de la Revista “El Bote”, lo cual también muestra como nuestra revista es también un aporte en los ámbitos académicos
Estos tres hechos que he mencionado y que destaco en esta crónica quieren dar prueba
De la existencia, permanencia y proyección de nuestra querida revista, y como no mencionar que también detrás de estos cien números que hoy estamos celebramos hay un trabajo de un fiel equipo de colaboradores que hacen y han hecho posible que esto ocurra, no puedo dejar de mencionarles: Rene Tito Rojas, Miguel Ramirez, Pedro Rosell, Claudio Rojas, Maximiliano Morales, Claudia Figueroa, Salomón Navarrete  y por supuesto mencionar la generosidad de: Aldo Faùndez, Chela Carrillo, Luis Gillet, y DAEM Lebu, a cada uno de ellos corresponde también un reconocimiento por lograr mantener hasta ahora una publicación de la categoría de esta, una vez mas felicitaciones a su principal responsable el escritor Patricio Figueroa Gonzalez, larga vida, largos oleajes, larga navegación al “ El Bote”

Publicado en Revista Cultural "El Bote" n 100, Junio, 2013, Lebu.