sábado, 21 de agosto de 2010

RECUERDO DE ALFONSO CALDERÒN



Corria el año 1988 y un domingo por la mañana sintonizaba la Radio Agricultura que por entonces transmitia el programa "Chile en nota". De pronto comienzo a escuchar unas muy amenas y nostálgicas historias y descripciones tanto de espacios y de costumbres del Santiago del 1800. Se estaba leyendo nada menos que capitulos del memorable libro "Memorial del viejo Santiago", de Alfonso Calderón. De esa manera supe de la existencia de este gran intelectual chileno y luego volvi a saber de él gracias a la amistad que Alfonso Calderón mantuvó con mi padre el historiador Alejandro Pizarro Soto, en aquellos años de las "Tertulias Medinensis", que se desarrollaron en la sala Medina de la Biblioteca Nacional. Cuando estas tertulias ya no pudieron seguir en dicho recinto, Alfonso Calderón fue uno de los que motivó a mi padre para que, junto a los demás miembros, sigueran adelante con estas iniciativas culturales. Alfonso Calderón es en mi opinión uno de los cronistas y memorialistas más importantes e intensos que existieron en la literatura chilena. Muy pocos escritores se han sumergido como él en el pasado, no de una manera objetiva, ni meramente documentalista, sino a la manera de una evocación del pasado, transmitiéndonos hasta el último detalle, y eso logra Alfonso Calderón, recrear una época, tal como si la estuviesemos viviendo.
Alfonso Sergio Calderón Squadritto nació en el sur de Chile, especificamente en San Fernando el 21 de noviembre de 1930 y falleció en Santiago el 8 de agosto de 2009. Fue poeta, movelista, ensayista, y critico literario. En suma uno de los intelectuales y hombre de letras más genuino que se tenga recuerdo en nuestra tradición literaria chilena y es, pues, por ese compromiso y total dedicación a la literatura y a la historia, que el Estado chileno le otorga, con merecidos meritos el Premio Nacional de Literatura en 1988.
Alfonso Calderón estudió en los liceos de Los Angeles, de Temuco y en el Internado Nacional Barros Arana, de Santiago, ubicado justamente a un costado de la Quinta Normal. Se diplomó en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile en 1952. Luego de desempeñarse como profesor de castellano en el Liceo de Hombres de La Serena, durante el periodo de 1952 a 1964, regresa a Santiago para enseñar en el Instituto de Literatura Chilena, de la Universidad de Chile. En la misma universidad también fue profesor de redacción en la Escuela de Periodismo. Debemos agregar aún otros cargos que dan cuenta de la estatura intelectual de Alfonso Calderón. Por ejemplo, fue Director de la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica de Chile, Profesor de expresión escrita en la Universidad Andrés Bello, Profesor de literatura en la Academia Diplomática Ándres Bello, y de redacción en la Universidad Miguel de Cervantes.
Su primera obra publicada fue el conjunto de poemas "Primer consejo a los arcangeles del viento", Imprenta Gutiérrez, Temuco, 1949. Años más tarde se inicia en el género de la novela con su obra "Toca esa rumba don Aspiazú", Editorial Universitaria, 1970Por ese entonces su labor como critico literario, se desarrolló en los periódicos "El Serenense",y "El Dia" de La Serena y posteriormente, colaboró con la Revista Ercilla. Participó también en el proyecto de la Editora Nacional Quimantú (1971), piomera en la democratización del libro y fue también director de la Revista Mapocho, dependiente de la Biblioteca Nacional de Chile. En 1979 publica otro conjunto de poemas: "Poemas para clavecin", citamos esta obra ya que con ella obtiene el Premio Municipal de dicho año. su segundo premio más importante, el cual volveria a obtener en 1977.
En 1974, durante la dictadura militar, renunció a la docencia universitaria y desde entonces se dedicó por completo a la investigación y a la escritura llegando entonces a recibir otros importantes nombramientos como: Miembro de número de la Academia Chilena de la lengua, Director del Centro de investigaciones Diego Barros Arana,y Sub Director de la Biblioteca Nacional, Premio Alejandro Silva de la Fuente, etc. Alfonso Calderón testimonió con su vida y obra una dedicación también al rescate de otros cronistas de ese Santiago antiguo, como es el caso del escritor Joaquin Edwards Bello. Sobre esto es clave señalar que el poeta Armando Uribe Arce, a propósito de la reciente partida de Alfonso Calderón, señalaba en un diario capitalino "Que el redescubrimiento y rescate de la obra de Joaquin Edwards Bello se debia sólo a Alfonso Calderón" lo que da cuenta de la generosidad de Alfonso para con sus colegas. Hoy ha partido de este mundo, pero nos ha dejado un legado humano y literario invaluable que cobra un sentido mucho más profundo al acercarnos a nuestro Bicentenario. Pero la linea paterna sigue y es asi como dos de sus hijas, las destacadas poetas Teresa Calderón y Lila Calderón, continuan con ese amor y fervor hacia la literatura y, tal,como lo expresó Lila Calderón: "Hay que seguir escribiendo, nuestras vidas no tienen otro sentido que la literatura".

Publicado en Revista Cultural "El Bote" n 63, Septiembre, 2009, Lebu.

3 comentarios:

Thérèse Bovary dijo...

Muy hermoso recuerdo y semblanza de mi padre. Muchas gracias, Patricia, por el tiempo que dedicaste a escribir este artículo.
Todo mi afecto y gratitud
Teresa

Lila Magritte dijo...

Gracias, Patricia. Qué alegría encontrar este espacio, leer tu bello trabajo y compartir contigo la fortuna de haber tenido padres maravillosos que nos contactaron con el sentido trascendente de la vida.

Abrazos.
Lila.

Alicia dijo...

Lebu es mi tierra. Participé con el historiador, don Alejandro Pizarro Soto. "Los Hijos de Labu", le rendimos un homenaje, como así a Gonzalo Rojas (Hice mi primera comunión con la hija de Gonzalo); Me agradaba conversar, más bien en silencio, escuchar a mi colega Alfonso Calderón, un gran conversador, y lo común es que, cuando escribimos y hablamos: historiamos la vida. Yo fui una niña que eligió, siempre a amistades adultas, ellas siempre tienen historias verdaderas que contarnos... y, qué hermoso : "RECUERDO DE ALFONSO CALDERÓN"... Contando, escribiendo, narrando, la historia nos aúna, es como salir a jugar el patio común de la vida... Hermosos recuerdos. felicitaciones a Patricia Pizarro por su "crónica-ensayo..."Hay que seguir escribiendo, nuestras vidas no tienen otro sentido que la literatura"...¡Si, es felicidad pura!

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